La crisis de la Democracia

Es importante no dejarse engañar por las apariencias.

Hay argumentos que a fuerza de repetirlos una y otra vez en los medios de comunicación terminan por hacerte creer que son ciertas. Estoy seguro que has escuchado en más de una ocasión que la democracia está siendo amenazada por el populismo o por los extremismos. Esta idea, se viene repitiendo tanto y de manera tan machacona que cuesta mucho trabajo pensar en que no es cierta.

Pensamos que no es justo ni es ético pedirle a alguien que esté desempleado y que no espera salir nunca de la situación económica en la que se encuentra que tenga la paciencia necesaria y que siga votando a los mismos políticos que han llevado a su país a la situación de desastre económico en la que se encuentra y de la que son ellos los únicos responsables. Tu padeces la crisis pero tu representantes políticos, que ni la padecen ni la sienten pero que son los responsables, te piden que tengas paciencia, que los sigas votando y que no te radicalices.

No pueden, ni es razonable, pedirle esto a la gente.

Hoy, cuando se escribe este corto articulo, el 7 de Diciembre de 2018, puede leerse en cualquiera de los muchos medios de comunicación noticias como la siguiente:

“De norte a sur y de este a oeste, Francia vive bajo extrema tensión por el miedo de que las nuevas protestas de los “chalecos amarillos” degeneren el sábado en enfrentamientos, un escenario que el gobierno -blanco de la ira popular- espera evitar con casi 90.000 policías en las calles…

…Además, por primera vez en más de una década, se desplegarán vehículos blindados de la gendarmería en París, donde los comerciantes, escaldados por los destrozos y saqueos de hace una semana, se parapetan…”

¿Por qué están ocurriendo estos hechos? ¿Realmente la democracia está en crisis como repiten una y otra vez los filósofos sociales y catedráticos que presumen de saber más de esto? No, no se deje engañar por las ideas repetidas machaconamente porque la democracia no está en crisis. Lo que está en crisis, y muy grave, es la Democracia Constitucional que es algo muy distinto de la democracia.

Es la impotencia que siente el ciudadano normal y corriente ante las decisiones políticas que toman nuestros gobernantes, y sobre las que los ciudadanos no tiene ni ninguna forma de oponerse, lo que crea la sensación de crisis que lo obliga a salir a la calle a quemar todo lo que encuentra a su paso y mostrar de esta manera su angustia, desaliento y rechazo.

Es la falta de control sobre nuestros gobernantes, lo que desespera a los ciudadanos al ver que ninguno de ellos parecen entender la delicada situación económica en la que se encuentra una buena parte de la gente, ya que ellos ni la padecen ni la sienten.

Es la ignorancia y la falta de sensibilidad antes la dificultades que cada día que pasa se acrecientan y acumulan sobre el ciudadano lo que indigna a la gente y la obliga a buscar soluciones en donde difícilmente puede encontrarse alguna solución, en la violencia estéril, sin ningún objetivo y sin ninguna consecuencia real.

El problema real de la sociedad en la que vivimos es que hemos descubierto tarde y mal que nunca hubo democracia, Como lo demuestra el Presidente de la República Francesa, Macron, cuando se pone a recorrer el país para oír las quejas de los franceses pensando que ese es su trabajo. Sin pensar que escuchar a su gente decir que quiere y de que se queja es lo mismo que hizo Maria Antonieta antes de llegar a la profunda conclusión que resumió en aquella celebre frase:

«si el pueblo tienen hambre y no hay pan, que coman pasteles»

La Democracia Constitucional se concibió para mantener la separación entre gobernantes y gobernados. Para impedir a la población tener el poder político. El  problema de nuestra sociedad, al igual que en tiempos de Maria Antonieta, nunca estuvo ni está en la democracia sino, por el contrario, en la ausencia de democracia. La democracia no está en crisis y la culpa no la tienen los gobernados por volverse populistas cuando eligen a los candidatos al gobierno, como suelen repetir machaconamente a la población los medios de comunicación afines a la Democracia Contitucionalista. El problema es que la Democracia Constitucional nunca fue democracia y esconde sin conseguirlo la antigua separación entre gobernantes y gobernados que hereda de la monarquía parlamentaria.

Es muy claro, para cualquiera que piense un poco en ello, que la subida del precio del gasoil no puede ser la causa de una respuesta tan violenta y persistente como la que han dado en Francia “los chalecos amarillos”. La razón es más profunda y mientras persista, persistirá también la amenaza de que la crisis económica se convierta en una revolución civil real que se apague, como el fuego, cuando ya no quede nada que quemar.

Es necesario que el Derecho a Decidir se implante en las Constituciones de todo el mundo porque el pueblo, en una democracia, no necesita ser escuchado, como cree Macron, sino obedecido. El pueblo, en una democracia, es el soberano y es quien manda. Por lo que deseamos que Macron no lo descubra demasiado tarde, como demasiado tarde lo descubrió María Antonieta.

Derecho a Decidir

"Cualquier ser humano tiene derecho a decidir junto a los demás seres humanos en que mundo quiere vivir y en que mundo quiere educar a sus hijos"
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